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Mostrando las entradas etiquetadas como totalitarismo

Miedo

Quizá solo sea un signo de que la juventud hace ya tiempo que me abandonó, pero por primera vez en la vida creo sentir miedo. No se trata de algo personal. Siempre supe que soy mortal y, aunque me gusta este mundo, no me aferro a él. Es algo mucho peor: una sensación de fracaso vital, de pérdida de confianza en el futuro. Comprendo que fui un necio seducido por los ideales de la Ilustración. Un discípulo mediocre de Rousseau, pero también de Comte y Marx e incluso, aunque ante este mantengo el mayor respeto, de Kant. Fui, como tantos otros, un creyente en la religión del progreso; un iluso convencido, contra toda evidencia, de que la humanidad avanza de manera irreversible hacia mejor; un optimista seguro de que la luz siempre disipa las tinieblas. Alguien dirá: ¿cómo es posible, tras la Shoá , mantener la fe en el progreso?; y, sin duda, tendrá razón. Ni siquiera la ingenuidad de Pangloss alcanza a resistir prueba semejante. Mas quien tal argumenta olvida la fuerza de la ignorancia. N...

Todo por la Revolución

Por recomendación de mi buen amigo Sigfrido Samet, quien hace algún tiempo me envió un artículo sobre este libro, he comenzado a leer Generación Mao , escrito por Xinran y publicado en español por Planeta en 2009. Al modo de Los que susurran , de Orlando Figes, la obra se construye a partir de una serie de entrevistas; en este caso, no con supervivientes del Gulag , sino con veteranos que vivieron las grandes transformaciones de la China del siglo XX. Son relatos muy distintos, auque podríamos aislar algunos rasgos compartidos. Llama sobre todo la atención, la dificultad, casi imposibilidad, que estos ancianos encuentran para comunicar a sus hijos y nietos aquello que han vivido. De no ser por Xinran, que les obliga a bucear en el recuerdo, su memoria se desvanecería y pronto un heroísmo y un sufrimiento que se encuentran en la base de nuestro mundo caerían en un absoluto olvido. Son vidas obviamente distintas, pero que al unirse conforman un poliedro en el que se encierran las ilusion...

Los que susurran

Los que susurran de Orlando Figes ha sido de mis lecturas de verano. Es un libro largo, de casi mil páginas edificado sobre cientos de entrevistas a supervivientes de la represión soviética. Desfilan en él toda suerte de personajes, desde humildes campesinos desconocidos a miembros destacados del Partido, cuyas vidas se entrelazan en ocasiones de manera sorprendente y, que con sus testimonios, nos permiten adentrarnos en los efectos del terror sobre la vida diaria. Conocemos así un mundo regido por la desconfianza, en el que nadie habla en voz alta por temor a que le escuche un informante y en que todos ocultan sus pensamientos y a menudo su pasado. No existe ninguna intimidad, en unas ciudades en que varias familias se ven obligadas a compartir una misma vivienda y en que generalmente las cocinas, los baños y otros servicios son de uso comunitario. Ni siquiera en el dormitorio pueden los esposos estar seguros de que en la habitación vecina no se escuchan sus palabras. Es un hacinamie...

Varsovia 1944

Al cumplirse el 65 aniversario de la insurrección de Varsovia contra la ocupación nazi, me parece oportuno traer al blog esta recensión que publiqué hace tiempo en Estudio agustiniano . DAVIES, Norman, Varsovia, 1944. La heroica lucha de una ciudad atrapada entre la Wehrmacht y el Ejército Rojo , Planeta, Barcelona, 2005, 23,5 x 16, 888 pp. En Europa Occidental generalmente entendemos ─incluso en un país como el nuestro, que se mantuvo al margen de la guerra y para el que la paz no supuso el fin de la dictadura─ la derrota del nazismo como una liberación. No nos faltan motivos para ello. Sin embargo, nuestra visión egocéntrica del mundo nos hace olvidar a menudo que lo ocurrido en Europa Oriental y gran parte de la Central nada tuvo que ver con la recuperación de la libertad o la instauración de la democracia, sino que simplemente consistió en la sustitución de un totalitarismo criminal por otro. El Ejército Rojo no liberó Varsovia, ni Praga ni Budapest; sólo sustituyó a Hitler por Sta...

Años de plomo

Para la mayor parte de los países europeos y americanos la década de los setenta constituyó una pesadilla a la que cuadra como a pocas la expresión, ampliamente difundida, de años de plomo. A poco que buceemos en la memoria, evocaremos la actividad de las Brigadas Rojas, de la Fracción del Ejército Rojo, del IRA, de ETA, del FRAP, de los GRAPO, incluso del Ejército Simbiótico de Liberación; también del Ejército Revolucionario del Pueblo, de los Montoneros, los Tupamaros, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria o Septiembre Negro. Se trata tan solo de un muestreo sin ánimo exhaustivo. Muchos otros grupos recurrieron a la violencia, con el pretexto de terminar con el imperialismo o el capitalismo. ¿Por qué tantos jóvenes se sintieron fascinados por la revolución? Se mantenía reciente la memoria de las revueltas del 68 y de su fracaso. La Unión Soviética hacía mucho que había perdido toda capacidad de seducción, pero su lugar lo ocupaban los mitos de China, de Cuba y de Vietnam. Incluso...

Sin conciencia

He leído en estos días la novela Todo fluye , de Vasili Grossman y aún estoy bajo los efectos de de su profunda inmersión en la naturaleza humana. Recuerdo que mi primer contacto con el GULAG se produjo muchos años atrás, cuando apenas salido de la adolescencia leí Un día en la vida de Iván Denísovich , y algunas otras obras de Soljenitsin. Al contrario que a muchos de mis amigos, inficionados, como tantos otros jóvenes de mediados de los setenta, por el virus del izquierdismo, no me suscitaron un rechazo visceral. Admiré su calidad literaria y, desde el primer momento, supe que lo contado era cierto; así que comencé a buscar razones que justificaran el horror de los campos. No las hallé. Fue el inicio de un proceso de maduración largo y lento, que me llevó a entender que ningún fin puede justificar tanto sufrimiento, y terminó por alejarme de toda tentación utópica. Pero no es mi deseo hablar de mí, sino de la novela de Vasili Grossman. Sin alcanzar la dimensión épica de Vida y destin...

El sueño de la razón

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En el retrato que le hizo Goya en 1798 vemos a un Jovellanos pensativo y fatigado. No lee el papel que, con gesto desmayado, sostiene en la mano derecha, su cabeza reposa sobre el brazo izquierdo, y su mirada se dirige hacia el espectador como si quisiera comunicarle la causa de su cansancio y de su pesadumbre. Algo en el cuadro, quizá las ropas, quizá los muebles, recuerda el Capricho 43, cuyo dibujo preparatorio es de 1797. En éste el personaje, incómodamente recostado, parece vencido por el agotamiento, ajeno al animal de aspecto gatuno que le contempla y a los seres alados con apariencia de búhos y murciélagos que se aproximan amenazadores. Podemos imaginar que en el grabado se materializan los motivos de la preocupación que embarga a Jovellanos y que su mirada no alcanza a transmitir. Puede que los monstruos sean deseos oscuros e inconfesables mantenidos a raya durante la vigilia, pero que, tan pronto como se relaja el control de la conciencia, afloran presto s a derramarse po...

Presencia de Utopía

Tenemos los seres humanos la costumbre de acotar el constante fluir del tiempo en eras, edades y siglos. Las fechas dejan a menudo de ser jalones sobre los que situar los acontecimientos de la vida y de la historia, para convertirse en lindes que separan períodos, cada uno de los cuales se nos revela dotado de unas características que lo diferencian de los demás y le confieren una personalidad propia. Tan humana manía, que sin duda obedece a nuestra necesidad de hacer inteligible el mundo para así poder modificarlo, conduce a que en estos años primiseculares nos interroguemos sobre los rasgos distintivos de un siglo XX hace poco abandonado. Cada cual, según su talante, resaltará unos u otros aspectos. Algunos señalarán que los avances científicos y técnicos no sólo han permitido prolongar la vida humana, sino que han hecho que con menor cantidad de trabajo seamos capaces de producir una cantidad de bienes incomparablemente superior a la que podía obtener cualquier sociedad del pasado....

La política en el laberinto. A propósito de un libro de Justo Zambrana (Tusquets. Barcelona. 2003)

Ya en la introducción menciona Justo Zambrana la débil elaboración teórica del socialismo español. Tras leer su libro no puedo por menos que mostrar mi total acuerdo con su afirmación. Algo queda claro en medio de confusas y maniqueas digresiones: al señor Zambrana, y suponemos que a la izquierda en cuyo nombre parece hablar, no le gusta el mercado. No voy a disputar sobre esto, aunque me parece una base en exceso débil para soportar el peso de una construcción política. Invocaciones a Hegel y a paradojas de la historia no bastan para convencernos de que el comunismo, al imponer un sanguinario dominio sobre millones de seres humanos, tuvo el efecto benéfico de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de Estados Unidos y Europa Occidental, dado que llevó a los dirigentes de estos países a desarrollar políticas sociales de inspiración socialdemócrata. El argumento no es paradójico, sino malvado, pues lleva implícita la conclusión, que el autor no tardará en explicitar, de que ...

Varsovia

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No es, desde luego, una ciudad bella. Tras acomodarme en el hotel y después de una comida, que yo hubiera querido más ligera, decidí pasear hasta la orilla del Vístula. No sé si tendrá que ver el hecho de haber nacido en Madrid, regada, si cabe emplear tal verbo en este caso, por el humilde Manzanares, pero los grandes ríos ejercen sobre mí una irresistible atracción, un poder fascinador en el que cuando aún era niño −recuerdo haberlo sentido a orillas del Ebro y del Duero− se mezclaba un sentimiento mezcla de temor y de respeto. Obviamente no había prestado atención a la escala del plano, pues el camino fue mucho más largo de lo previsto. Me deparó, eso sí, la oportunidad de atravesar una vasta zona del centro y de pasar junto al gigantesco Palacio de la Cultura y de la Ciencia y también frente al un tanto descuidado palacete que alberga el museo de Chopin. La primera impresión fue la de que se trataba de una ciudad caótica, de un urbanismo disparatado, en la que edificios vanguardist...

A la huella de Alfonso Garrido

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Un amigo me ha dejado para siempre, en él he perdido a una persona a quien podía confiar las angustias y problemas que me turban el alma, y con quien podía también compartir una botella de buen vino. A menudo hicimos ambas cosas a la vez. Comprendo que a muchos les parezca frívolo que se discuta sobre la Shoá , sobre su sentido o sinsentido, mientras regalamos el cuerpo con uno de los más refinados placeres que nos ha sido otorgado gozar. Quizá tengan razón. Me falta hoy ánimo para enfrentarme a rígidos ascetas. Solo se me ocurre recordarles unas palabras de Imre Kertész: “ha desaparecido el asombro ante la existencia del mundo y con él, de hecho, el respeto, la devoción, la alegría, el amor por la vida.” ( Un instante de silencio en el paredón , 41). Pero esos sentimientos, cuya ausencia lamenta como pérdida irreparable un superviviente de los Lager , aún existen. Todos los que hemos tratado a Alfonso los conocemos. Recuerdo un día maravilloso en que en su compañía, mi esposa y yo rec...

Prohibido comprar flores

Los diarios de Victor Klemperer muestran la tragedia judía desde una perspectiva distinta a la de Levi, Kertész o Frankl. Una primera diferencia es de orden espacial. Klemperer no conoce los Lager, es, no cabe dudarlo, un judío afortunado: pierde el trabajo, la casa, el coche, pasa hambre, pero vive en la ciudad de Dresde, no en Auschwitz o en Treblinka. Otra, se refiere al tiempo: Klemperer no rememora hechos pasados, sino que día a día deja constancia de lo que ocurre. Contrariamente a los otros autores mencionados, escribe sin conocer el desenlace, sin saber si mañana habrá sido deportado o, simplemente, si continuará con vida. Su visión no es, por tanto, la de un superviviente. Hay en su escritura una angustia no reconstruida retrospectivamente, sino fijada de inmediato, en el mismo momento en que se ha experimentado, y eso nos permite sentir como la llamada "solución final" vino precedida de una inconcebible serie de leyes y decretos encaminados a excluir a los judíos d...

Remedos del Juicio Final

Primo Levi, Viktor Frankl e Imre Kertész, entre otros, describen la escena con ligeras variantes: tras varios días de viaje apìñados en un vagón cerrado, sin agua y sin comida, los deportados bajan en el andén de un lugar desconocido. Tras tanto tiempo de oscuridad, quedan cegados por los focos. Los gritos de los guardias y los ladridos de los perros les obligan a formar una fila, sin tiempo apenas para percatarse de que arriba, en el tren, han quedado algunos cadáveres: niños, ancianos, mujeres, enfermos, que no han podido resistir el tormento del hambre y de la sed, de la oscuridad y del miedo. Seres débiles cuya naturaleza ya ha sucumbido ante el horror. Los supervivientes son incapaces de hacerse una idea de lo que les aguarda. Pronto se ven avanzando mansamente hacia un lugar en que alguien, bien cubierto con la bata blanca de los médicos, bien con el uniforme negro de las SS, con el gesto indiferente de quien realiza un trabajo rutinario, envía a unos hacia la izquierda y a otros...

Vida y destino

Entre los regalos que he recibido esta Navidad figura la novela de Vasili Grossman, Vida y destino . En ella, la batalla de Stalingrado constituye el eje sobre el que se articula un magnífico despliegue de personajes, que luchan, aman, mueren o sobreviven, enfrentándose y adaptándose a la cotidiana presencia del horror; no solo del ligado de modo inevitable a toda guerra, sino aún más, al del totalitarismo, al de la aniquilación de la conciencia por el miedo y la desconfianza. Las reacciones son múltiples y no siempre excluyentes: heroísmo, abyección, rebeldía... Pero hay una que me ha llamado poderosamente la atención, la de Ikónnikov-Morzh, el prisionero ruso a quien sus compañeros del campo consideran poco menos que un loco extraviado por la mística tolstoiana. Nada mejor que copiar sus palabras cuando descubre que lo que los presos están construyendo para los alemanes son cámaras de gas: "-Sí, eso es lo que dice Míjail Sidorovich, pero yo no quiero la absolución de mis pecados...