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Mostrando las entradas etiquetadas como terrorismo

Miserables

De nuevo un asesinato. En esta ocasión la víctima es un inspector de policía que trabajaba en la lucha antiterrorista, un hombre cuya labor consistía en proteger nuestras vidas. Una vez más, lo han matado los que colocaron la bomba, pero no solo ellos. También gentes que lo conocían, que se cruzaban con él y con su familia en las calles, pero que al mirarlo no veían a un ser humano, sino a un enemigo a quien aniquilar. Ellos informaron a los asesinos de cuál era su coche, les dijeron dónde solía aparcarlo. Siempre ocurre así. Nunca falta en Bosnia un vecino que te señala como musulmán el día que entran en el pueblo las milicias serbias; tampoco, el que avisa a la Gestapo de que tus abuelos eran judíos. Son personas sencillas, quizá honrados trabajadores, puede que padres de familia preocupados por sus hijos, pero un repugnante mal afecta a su conciencia. Cuando te miran, son incapaces de reconocerte como su prójimo. No ven en ti más que la manifestación en carne mortal de una idea, y p...

Años de plomo

Para la mayor parte de los países europeos y americanos la década de los setenta constituyó una pesadilla a la que cuadra como a pocas la expresión, ampliamente difundida, de años de plomo. A poco que buceemos en la memoria, evocaremos la actividad de las Brigadas Rojas, de la Fracción del Ejército Rojo, del IRA, de ETA, del FRAP, de los GRAPO, incluso del Ejército Simbiótico de Liberación; también del Ejército Revolucionario del Pueblo, de los Montoneros, los Tupamaros, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria o Septiembre Negro. Se trata tan solo de un muestreo sin ánimo exhaustivo. Muchos otros grupos recurrieron a la violencia, con el pretexto de terminar con el imperialismo o el capitalismo. ¿Por qué tantos jóvenes se sintieron fascinados por la revolución? Se mantenía reciente la memoria de las revueltas del 68 y de su fracaso. La Unión Soviética hacía mucho que había perdido toda capacidad de seducción, pero su lugar lo ocupaban los mitos de China, de Cuba y de Vietnam. Incluso...

La vida sigue igual

Imagine usted que durante años todos los miércoles se reúne con otros tres amigos para jugar unas partidas de tute, hasta que un día, a eso del mediodía, recibe una llamada telefónica: -Oye, ya sabrás lo de Ignacio… -Sí. Me he enterado. ¡Qué putada! -Es verdad. No hay derecho. ¿Conoces a alguien que pueda sustituirlo esta tarde? -No te preocupes. Eso está solucionado. -Gracias a Dios. Creí que se nos había jodido la partida. El diálogo precedente es, sin duda, ficticio y solo una persona malintencionada podría relacionarlo con acontecimientos ocurridos tras el asesinato de Uría. Supongamos que Ignacio hubiera fallecido súbitamente de un infarto. Sus apesadumbrados amigos, sin duda, habrían acudido a su domicilio o al tanatorio para acompañar a la familia en tan difíciles momentos. En cambio, a Ignacio le arrebató la vida ETA. Era un buen hombre, pero, sin darse cuenta, andaba en actividades peligrosas y, claro, eso termina por pagarse, que aquí nos conocemos todos y cada cual sabe lo q...