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Construir la historia

Poco antes de morir perseguido por los jacobinos, escribió Condorcet un libro titulado Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano , con el que se proponía: “demostrar mediante los hechos y el razonamiento que la naturaleza no ha puesto límite alguno al perfeccionamiento de las facultades humanas, que la perfectibilidad del hombre es realmente infinita: que los progresos de esta perfectibilidad, de ahora en adelante independientes de la voluntad de quienes desearían detenerlos, no tienen más límites que la duración del globo al que la naturaleza nos ha arrojado” [1] . El objetivo del marqués revolucionario no era obviamente escribir un libro de historia, sino elevarse sobre la confusión de los hechos para, en la distancia, advertir un significado coherente en el devenir humano. Su construcción, aunque a menudo aventurada y falta de documentación, se mantiene alejada de toda idealización del pasado. No hay en ella asomo de mitos tales como el Paraíso o la Edad d...

El sueño de la razón

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En el retrato que le hizo Goya en 1798 vemos a un Jovellanos pensativo y fatigado. No lee el papel que, con gesto desmayado, sostiene en la mano derecha, su cabeza reposa sobre el brazo izquierdo, y su mirada se dirige hacia el espectador como si quisiera comunicarle la causa de su cansancio y de su pesadumbre. Algo en el cuadro, quizá las ropas, quizá los muebles, recuerda el Capricho 43, cuyo dibujo preparatorio es de 1797. En éste el personaje, incómodamente recostado, parece vencido por el agotamiento, ajeno al animal de aspecto gatuno que le contempla y a los seres alados con apariencia de búhos y murciélagos que se aproximan amenazadores. Podemos imaginar que en el grabado se materializan los motivos de la preocupación que embarga a Jovellanos y que su mirada no alcanza a transmitir. Puede que los monstruos sean deseos oscuros e inconfesables mantenidos a raya durante la vigilia, pero que, tan pronto como se relaja el control de la conciencia, afloran presto s a derramarse po...

Desordenado paseo por el tiempo

Corría el año 1534 y Europa se agitaba en el torbellino de la revolución religiosa. Ya Lutero había desautorizado a los extremistas que, so pretexto de seguir sus pasos reformadores se lanzaban contra las autoridades temporales, dispuestos a edificar el Reino de Dios sobre la tierra. Vientos de jacquerie soplaban sobre Alemania y avivaban rescoldos de viejas herejías. De nuevo se escuchaba la pregunta nunca contestada: cuando Adán araba y Eva hilaba, ¿dónde estaba el señor?. Los príncipes católicos y protestantes olvidaban momentáneamente sus rencillas y se unían para ahogar en sangre la revuelta campesina. Pero la historia no ha terminado. Münster, una pequeña ciudad de Westfalia, es presa de la exaltación. La muchedumbre sigue con fervor a los predicadores anabaptistas y termina por entregar el poder a uno de ellos, Jan Matthys. Los disidentes, católicos y protestantes, tanto da, son expulsados, y comienza la construcción del Reino de Dios. Se presiente la inmediata venida de Cristo...