En el funeral de Alfonso
Este texto lo escribí para que fuera leído en el funeral de Alfonso Garrido: Existe en algunos países la hermosa costumbre de que un allegado al fallecido pronuncie durante el funeral unas palabras sobre él. Se trata con ellas de glosar brevemente lo que su vida ha supuesto para quienes lo han conocido y de recordar la impronta que ha dejado su paso por el mundo. Es una bella manera de manifestar que ningún ser humano desaparece sin más, desvanecido en la nada. Sabemos firmemente los cristianos que la muerte no es el final, que la auténtica vida comienza al término de esta; pero no es de eso de lo que quiero hablar en este momento. Ahora deseo recordar al amigo, al consejero, al vecino, a quien fue durante años nuestro párroco; a un hombre raramente inteligente y cultivado, pero también sencillo y, ante todo, comprensivo y sensible. Alguien capaz de estremecerse de gozo ante las maravillas de la Creación, de emocionarse al contemplar un cielo estrellado o la abrupta elevación de las mo...