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Al asalto del Paraíso 1. Los dioses y Dios

Mientras que los dioses paganos formaban parte de una naturaleza cuyas fuerzas vitales, ora sombrías ora luminosas, pero siempre inquietantes, personificaban; en la tradición judeocristiana la divinidad se presenta como algo inefable situado fuera del tiempo y del espacio. Las divinidades homéricas son, obviamente, más poderosas que los seres humanos y hasta se las califica de inmortales, pero eso no implica que su existencia sea eterna ni las hace invulnerables. De las pieles de Afrodita y de Ares mana el precioso icor cuando las desgarra la lanza de Diomedes. Como el mundo, los dioses han emergido del caos primordial a través de la sucesión de generaciones que lo han configurado como cosmos. No plantean exigencias éticas. Odiseo, el favorito de Atenea, es valeroso, pero también cruel y taimado. Al igual que los mortales, los dioses están sujetos a las pasiones, experimentan el deseo sexual, los celos y la ira, y su comportamiento es a menudo caprichoso y vengativo, por lo que convien...

Nostalgia del Paraíso

El pasado, contra lo que pueda parecer, no es inmutable, no consiste en una masa de hechos acaecidos que podamos conocer con mayor o menor detalle, sino que, por el contrario, resulta extremadamente dúctil. Indudablemente, en él han ocurrido cosas o, mejor dicho, todo ha ocurrido en el pasado. Ahora mismo, estas líneas según las escribo caen irremisiblemente en el reino del pasado. Es éste un inagotable depósito, caótico e informe, de toda clase de objetos. De entre ellos, como un trapero que rebuscara en el más rico de los vertederos, el historiador selecciona aquellos que le atraen por su brillo o por su presunta utilidad, los recoge con mimo, los limpia y pule con esmero y los eleva a la categoría de acontecimientos. Martínez Marina tras bucear largamente en polvorientos legajos, retornará a su siglo convencido de que los liberales del Trienio no hacen más que actualizar un régimen constitucional vigente ya en la monarquía visigótica y en los reinos altomedievales. Los juriconsultos...

Escenas del Quijote

Se aproxima la noche. Unos humildes cabreros comparten su cena con Don Quijote y Sancho. Tasajo de cabra, queso y bellotas, y, para alegrar el ánimo, un cuerno de vino que sin tregua pasa de uno a otro. El caballero es feliz. No lo fuera tanto si le agasajaran reyes o príncipes con las viandas más escogidas. Saciado el apetito, habla con voz pausada y clara a sus rústicos compañeros que no osan interrumpirle. El amable convite de los que apenas nada tienen ha traído a su memoria viejas lecturas que ahora refiere en obsequio de sus anfitriones. Hubo un tiempo en que no existían las dos palabras de tuyo y mío, en que los hombres todo lo poseían en común y no habían de preocuparse del mañana, pues la tierra generosa proveía a todas sus necesidades. Reinaba entonces la inocencia y no existían agravios ni rencillas. Pero aquellos felices siglos concluyeron y hoy por doquier imperan la ambición y la malicia. Por eso fue necesario instituir la caballería andante: para proteger a los débiles d...